Chandra
La luna , putona e insolente, banha la oscuridad de azul cobalto. Ultimamente parece como si no se conformase con llenarse de orgullo un par de dias al mes y acortara sus ciclos haciendo que el tiempo vuele como bajan las aguas blancas en el Bhote Kosi. Al menos me trae el olor del 'galan de noche'., el jazmin timido que solo despierta de su suenho cuando ella le llama provocativa. Es ese olor que por siempre evocara en mi las magicas noches indias, cuando el caos se convierte en la sensualidad mas absoluta, cuando la rabia se vuelve contemplacion.
La ultima vez lucia color mango (como ese, mi primero de la temporada, que yo imaginaba dulce y jugoso, pero que no llegue a catar porque me lo arrebato un mono de las manos mientras paseaba por Patsupatinat), casi rozando la arena al otro lado del Ganga, como si se cubriese el rostro con falsa timidez y un tul anaranjado. Aqui en los Himalayas, se siente liberada, se quita el velo y muestra su cara plena empolvada de talco, es porque los hombres miran de otra manera o no miran.
Kathmandu se va a dormir temprano y Chandra juega con las formas. Las paredes de las casas se abomban como una caja de carton llena de cosas que fuera a explotar. Los tejados piramidales dobles tipicos de las construcciones nepalies adquieren un tono plateado, son el espejo donde, presuntuosa, se mira. Rescata los restos de color que quedaron en el suelo despues del Holi, para empolvarse la cara cuando vaya a Varanasi. Y a la Durbar Square la convierte en su cuento, podria ser el de Cenicienta, pero no lo es, es el de la Ninha Diosa, Kumari, que cuando deja de ser ninha, deja de ser diosa y vuelve a fregar escaleras. Es el de los ninhos de pelo revuelto y mirada perdida, que se mezclan con turistas montanhistas y hablan perfecto ingles, pero ya no son ninhos , son yonkis que esnifan pegamento, a los que basta pegar un manotazo para apartarlos de nuestra realidad.
La electricidad se va por la tarde alla don de voy desde hace meses, y en el calor de las cuatro paredes solo queda la luz tambaleandose de las velas. La luz tenue que es como la vida. Porque solo muestra lo que tenemos delante, bajo la luz amarilla. Solo alumbra lo que queremos ver. Como Chandra, la luna putona e insolente, que lo tinhe todo de azul cobalto y transforma la realidad en un cuento de princesas y pajes. Pero en el Bhote, bordeado por la carretera que lleva a Kodari, por esa que recorri ya hace un anho aquella manhana de adios helada y acartonada como el Tibet que me esperaba, el Tibet que llora desde hace anhos lagrimas que nadie seca o que se olvidaran pronto como sucedio con Birmania, Chandra ruge por su boca de aguas gelidas, soltando espuma blanca, sin callarse una palabra, removiendo las conciencias. Y es que Ella siempre tiene dos caras y la que muestra, solo depende del que la mira.
ana dijo
Sigues cautivandonos. Especialmente la última parte de tu relato.
Aquí los rios tb estan desbordados y medio país está cubierto de nieve. Después de un invierno seco y de una campaña electoral más que caliente, el país se ha quedado helado, húmedo e inmovilizado.
28 Marzo 2008 | 09:07 AM