Lhasa, la ciudad mas fea del mundo.

Monjes en Shighatse. Monasterio, antigua residencia del Panchen Lama

Shighatse. Tibet
Palacio de Potala, antigua residencia del Dalai.

A la entrada de Jhokang
Os lo digo de verdad. Nunca habia estado en un lugar que me transmitiera tantas cosas horribles como lo hizo Lhasa. A medida que el jeep se iba aproximando a la ciudad, me olia el panorama.
Una amplisima avenida, de unos sesenta o setenta kilometros, como prefabricada, con farolas y arbolitos jovenes, en absoluto espontaneos,en medio de un valle de altas montanhas aridas de cumbres nevadasque algun dia debio de ser brutal, conducia sin remedio a una ciudad gris. Exactamente como si una apisonadora hubiera pasado por alli hacia no mucho tiempo...Y chinos, chinos y mas chinos. Tiendas, bazares y centros comerciales. Y mas chinos. Ni rastro de los autenticos duenhos de esa tierra. De repente me senti como si, en un suenho, me encontara en un gran "Todo a Cien". Y las casas, las avenidas, las esculturas espantosas que hacian de rotonda y los guardias (chinos) uniformados y rigidos que vigilaban cada gran edificio, amenazaran con avalanzarse sobre mi en cualquier momento. Me encerre en el hotel y decidi no salir en el resto de la tarde.
Potala, magnifico. Si no llega a ser por las oleadas de chinos que colapsaban las salas con las estupas funerarias de los antiguos Dalai Lama. Jhokang, espectacular. Si no llega a ser por las procesiones de chinos que circulaban por cada galeria. Y los tibetanos, autenticos herederos de todo ese frustrado esplendor, arrinconados. Dentro del palacio, ni uno. En su gran templo, en su Meca, en fila contra la pared, dejando espacio para las visitas guiadas y esperando pacientemente su turno para depositar, frente a las imagenes de sus Budhas, su cucharadita de mantequilla de yak.
Lo unico autentico en Lhasa, Bharkor, el circuito que rodea Jhokang, donde los tibetanos desfilan con sus ruedas de oracion, en silencio, pausados, cansados, pacificos...Flanqueados por tenderetes chinos con souvenirs. Pero dispuestos a regalar sonrisas.Y yo creo, no se porque, que eran sonrisas de complicidad. Nunca me habian sonreido tanto por metro cuadrado. Ellas, con sus recogidos trenzados con hilos de colores, sus faldas largas y toscas y los delantales que marcan a las casadas. Ellos, con sus abrigos, ajustados a la cintura con un cordon, solo puesta una manga. Monjes, con sus habitos de color rojo oscuro. Pero todos, cada vez que levantaban la cabeza del suelo, era para sonreir. Y cientos de chinos ultimo modelo entorpeciendo en cada rincon, caminado en sentido contrario a la procesion, rompiendo el silencio...Un espectaculo triste, tristisimo...De que sirve el "progreso" cuando se pisotea a personas y tradiciones?
Y el sol todavia brillaba con fuerza la tarde que quise gritar para mis adentros "Tibet Libre", como me propuse antes de llegar a Lhasa,en la gran plaza frente a Potala. Pero la vision era partida en dos por dos enormes banderas rojas con estrellas amarillas, una delante del Palacio,ondeando vanidosa, y la otra mas pequenha, en el punto mas alto del edificio central, como quien dice "esto es mio, ni se te ocurra dudarlo".
pA tXiPiron dijo
Gracias, me has descubierto un sitio donde no desentonaré. Te dejo que voy a buscar un piso por Lhasa, muxus
7 Mayo 2007 | 11:47 AM