Namaste India, Namaste Nepal.
Celebrando el anho nuevo nepali
Antes de contaros mis ultimas experiencias, pediros que no os preocupeis, llevo tiempo sin escribir pero solo porque he estado ocupada por otras cuestiones. Tengo cobertura, hay cybercafes por todas partes y estoy estupendamente. Y mama, por dios, no nos desveles el final de la peli antes de tiempo, jejeje!
Por cosas de la tecnica llevaba aqui una hora escribiendo un extensisimo texto, cuando de repente, ante mis anodadados ojos, ha desaparecido de la pantalla, asi que, como me encuentro algo cansada, sere breve, perdonadme si no estoy muy iluminada.
Pues si. He abandonado India y en este momento os escribo desde Pokhara, una ciudad nepali que se desenvuelve entorno a un lago hundido en medio de inmensas montanhas. Acabo de llegar hace unas horas y no he tenido demasiado tiempo para explorarla, pero promete ser una poblacion pacifica donde me dispongo a pasar unos cuantos dias de descanso despues del viaje y de los dias en Benares.Y manhana, si las nubes lo permiten, me podre levantar admirando los nevados Himalayas.
El trayecto de dos dias desde Varanasi ha sido agotador. Despues de un dia entero de viaje, ayer llegamos en un Tourist Bus a la frontera. Todo el autobus, cansado pero emocionado, la cruzamos a pie y nos dispusimos a hacer los engorrosos tramites de visados. Y esa procesion de mochileros, en fila, despidiedonos de India para descubrir Nepal, nos recordaba a mas de uno a las excursiones de hace tantos anhos con el colegio. Hacemos noche en un Guest House bastante cutre del lado nepali y esta manhana nos levantamos a las seis menos cuarto para decirnos adios, nuevos y viejos amigos, y repartirnos en dos buses: los fiesteros a Kathmandu, donde en el proximo domingo tendra lugar una Trance Party de dos dias (suena extranho en un lugar que sugiere aires tan misticos) y solo diez "raros" a Pokhara, donde esperamos relajarnos al pie de los Annapurnas.
Las once horas de viaje por una angosta carretera para hacer doscientos cincuenta kilometros, merecieron totalmente la pena a la vista del paisaje brutal que nos esperaba. Una sucesion de montanhas y valles, que harian las delicias de mi volador padre, tan elevados, tan frondosos, tan recortados y afilados al mismo tiempo, que podrian herirla piel hasta hacer sangre solo con mirarlos. Con tal vision es comprensible el respeto absoluto que sienten los budistas hacia la Naturaleza.
Este pais, al contrario que India, parece relajado y tranquilo. La gente es educada, sonriente y amable. Los vestidos de las mujeres, en algunos casos, suben con total naturalidad hasta dejar al descubierto las pantorrillas (algo impensable para las cerradas mentes de los habitantes del pais vecino); sus labios, coquetos, estan pintados de colores intensos y los hombres no miran de aquella manera tan sucia de los indios, de hecho no miran, y como decia, divertida, una companhera de viaje, "ya lo echaremos de menos". Las expresiones de los rostros son dulces y aninhadas. El trafico es algo menos caotico, las construcciones humildes pero cuidadas y las tiendecitas y bares estan ordenados y limpios. La basura ha desaparecido y todo parece encontrarse en su sitio, como puesto alli por un Orden Superior encargado de establecer el lugar de cada elemento.
Desde luego, nada que ver con la entranhable pero descontrolada India.
La semana que vivi en Varanasi, estuvo repleta de nuevas sensaciones. Pensaba que serian unos dias de transito en mi adios a India, pero todavia quedaban demasiadas experiencias por vivir. Varanasi, la ciudad de la vida y de la muerte, donde la gente espera a orillas de su rio sagrado para morir. Con una vida cultural apabullante, con gente cualquier lugar del mundo que se regala unos meses, quiza anhos, para entregarse a la pintura, a la poesia, a la musica del sitar, de la tabla o de la flauta, a la danza, al yoga...Shadus, babas o ascetas, nombres destinados para esos personajes que se didican a la meditacion y al control del cuerpo y del espiritu. Las "pujas", en forma de velitas con flores, iluminan navegando las aguas oscuras del Ganges por la noche, con la ayuda de la luna decreciente, de las celebraciones con ofrendas diarias en el Main Ghat y de los cuerpos que arden el los Ghats crematorios, cuerpos que ya carecen de espiritu, porque este ya ha buscado el nuevo lugar que le corresponde para realojarse. Perros sarnosos, cuerpos tuberculosos con la esperanza de un milagro, ninhos, bufalos, hombres en calzones, todos acalorados, amas de casa que lavan ropa a mazazos contra una piedra, un tipo que se cepilla los dientes, restos de plasticos que cubrieron cadaveres...Vendedores, pillos y turistas. Todos compartimos, en total armonia, esas aguas misteriosas, llenas de un "algo" magico, llenas de deseos y de esperanzas.
Mis dias en esa ciudad quiza sean de los que mas recuerde al termino de este viaje, sintiendome parte de ella y a la vez tan lejos, tan cargados de emociones, de musica, de pasiones, de dudas...Y por que' no reconocerlo, de melancolia. Pero no, no lo cambio por nada del mundo, porque lo que es capaz de despertar sentimientos tan intensos, no puede ser malo ni para el cuerpo ni para el alma.
ana dijo
!!Prometo enmendarme!!
Gracias por escribir tan pronto, después de un camino tan cansado....
Tras leer ésto me voy a comprar una mochila-troley e irme al Anapurna. Por cierto, se me ocurre que con las últimas noticias de estos días sobre el cambio climático,con lo que va a afectar a España (!adios deltas y rias gallegas........!) puedes ir explorando el mercado inmobiliario por ahí, y nos replanteamos lo de Panxón.
Amenaza: o envías fotos o te desheredo.
13 Abril 2007 | 10:34 AM