Hace poco encontré un libro de viajes en el que dedicaban varios capítulos a Benarés. Volver sobre esa ciudad, con palabras tan acertadas, a poco tiempo de mi regreso de allí y con las sensaciones tan frescas, me hizo percatarme de lo que a mi me cuesta en realidad describir de forma fiel, sencilla y profunda un lugar del que, sin embargo, tengo tantas referencias. Y cuando alguien me pregunta por qué amo tanto esa ciudad, sé qué contestar, pero nunca sé como hacerlo.
Por eso, quisiera compartir algunas frases sobre Ella extraídas del libro "Los Mejores Viajes" publicado por Siete Leguas, que recoge algunos de los mejores artículos publicados en la revista durante los últimos años. Los referidos a Varanasi, de Sánchez Dragó y Juan Bonilla, han sido el espejo en que me he visto reflejada, los otros, han abierto mi imaginación hacia nuevos lugares, algunos que ni siquiera sabía que existían. Pero sobre todo, me han mostrado que existen las palabras adecuadas para referirse a una pasión que ya dura dos años. Sus letras han puesto nombre a la amalgama de emociones que me invaden cada día de los que paso allí, y cada día de los que no lo hago, que permanecen latentes, sin llegar nunca a desaparecer del todo, como espererando a la siguiente visita.
Refiriéndose a su encuentro con el poeta Jesús Aguado en Varanasi, Bonilla relata las palabras de éste:
<<¿Qué buscaba en Benarés? No lo recuerda, lo que sí recuerda es lo que encontró, que es lo que le ocurre a todo el que se pierde en Benarés: pierde de vista aquello que buscaba para atesorar con más fuerza aquello que encontró>>
y continúa parafraseando al poeta :
<< Encontré una ciudad donde los miedos -que nosotros simbolizamos en las ratas y en los locos, todo el mundo me avisaba cuando iba a venirme que no soportaría ni a unos ni a otros, y llegué aquí y vi que los niños jugaban con las ratas, y los locos jugaban con los niños, y yo era un niño, un loco y una rata- tenían más miedo de mi que yo de ellos. Y una vez que los miedos se nivelaban, conseguías reconciliarte con tus miedos para siempre, entendiendo para siempre el tiempo en que yo permaneciese en Benarés o Benarés permaneciese en mi (....)
Antes de venir aquí, un sij me dijo en Londres: Benarés te matará, no soportarás tantos locos, tantas ratas. Y llevaba razón, mató al que era antes de venir aquí, mató al yo y me dio la oportunidad de probarme muchos otros yo, de ser muchos más a cambio de ser cada vez menos. Cada temporada que paso en Benarés se repite ese asesinato ritual, que es también una transfiguración: el yo matando al yo para resucitarlo de otra manera, para seguir siendo, para purificarlo>>.
A veces, cuando la gente me pregunta que tiene tan de especial India, solo puedo contestar que en realidad, a mi India, lo que veo allí, no me gusta, lo que me gusta es la Adriana que me sale de dentro, como me siento viajando en ese país y en especial estando en Varanasi, "la otra Adriana".
Tantas veces se dice, yo misma lo he dicho en estas páginas vituales, que Benarés es la ciudad de la muerte. También de la vida. Ambas cosas inundan cada partícula del aire, inundan cada visión y cada momento. Es tan fuerte esa presencia que no hay manera de desprenderse de ella, impregna las ropas y calan hasta los huesos...Hasta que se convierte en parte de uno mismo y pierde su sentido último tomando miles, millones, de sentidos más.
<<Está la muerte tan segura de que va a alacanzarnos, que nos ha dado una vida de ventaja (...). Pues Benarés no es la cuidad de la muerte porque aquí se celebre a dicha dama con todo el encomio que merece su majestad, sino por todo lo contrario: es la ciudad donde uno aprende -se lo enseñan o se enseña a sí mismo- que esa dama carece por completo de importancia, que el miedo que le tenemos no está justificado, y que, en cualquier caso, nos ha dado una vida de ventaja, así que el juego consiste en correr, correr y esconderse hasta el momento de que nos convirtamos en un antorcha camino de la nada. Un juego de niños, verdaderamente.>>
<< Benarés es maestra en el arte de la paradoja: siendo la ciudad de la muerte, en pocos sitios se verá que se celebre tan constante y nítidamente la vida; siendo una ciudad de purificación, en pocos sitios te asaltará tan insistentemente la noción de suciedad; siendo una ciudad espiritual y sagrada, en pocos sitios será uno tan conciente de la carne. La carne del gimnasta que hace flexiones en una terraza (...), y la carne del leproso que cada día va perdiendo trozos de una mano o una pierna, literalmente desintegrándose en el aire de la ciudad como si más que un cuerpo enfermo fuera una lenta metáfora de todo devenir. La carne visible bajo los saris mojados de las mujeres que se bañan en las aguas del río (...). La carne de los niños que hacen volar las cometas y la carne de los muertos que no han ardido del todo y patrocinan el banquete de los cuervos.>>
<<Por mucho que uno campe por la ciudad con su condición de racionalista empedernido, no obstará ello para que el clima espiritual eleve una bruma inevitable que plante en las paredes de tu cerebro, no tanto una colección de dudas, como la certeza de que no se contradicen el raciocinio y la fe -si es que puede llamársele así a lo que aquí se siente. La atmósfera está tan cargada de eso que podríamos llamar espíritu, que no es posible dar un paso sin atragantarse de él. Piedras sagradas en cada esquina, ojos misteriosos en rostros cadavéricos, personajes que se han sacado de la manga un mago inspirado. Todo en Benarés ayuda a hacer brotar de tu interior los pliegues de un alma que creías perdida. Y se trata de una fe -o de un espíritu- poderosamente sensual.>>
Pocas veces he encontrado textos tan certeros, que comprenda tan bien, mejor incluso que si lo hubiera escrito yo misma y lo releyera un tiempo después. Supongo que esto es lo que yo he vivido en forma de esa música de la que alguna vez hablé. El otro día alguien me preguntó por que bailaba kathak (la gente hace preguntas muy extrañas), creo que es porque el kathak representa bien esa música, ese espíritu, esa fe, esa sensualidad, esa energía...
<<La muchedumbre -otra vez como un solo ser, porque el río es como un idioma: al pertenecer a todos no es de nadie- baja al río. Lámparas encendidas se depositan en las aguas en ofrenda a algún dios o al mero hecho de existir. Suenan las campanas, se entonan mantras. En un peldaño cualquiera, recién salido de las aguas, un saddhu desnudo medita Una mujer llena de agua una lata para depositarla luego junto a una guirnalda de flores en algún santuario.>>
Om Namah Shivaya...El mantra, el OM, la sílaba esencial, cobran especial sentido en Kashi. Se dice que es el sonido primitivo, salido del tambor de Shiva. El inicio de todo, el final de todo. El ciclo se completa. Comienza otro nuevo. Es como la Espiral. La vida y la muerte, el principio y el fin, y otra vez el principio...
<<¡Benarés! ¡Las puertas de la percepción, una faena de Ordóñez en la Maestranza, el descenso suave de una loma cubierta de nieve, el aprendizaje amoroso de Dafnis y Cloe! A su sola mención me da vueltas la cabeza. Las piscinas de tranquilas aguas verdinegras, las vacas que te lamen las manos como perros, los templos poblados de monos, las pesadas campanas a ras de suelo, los pétalos primorosos y húmedos en el regazo de los dioses (...)>>
<<Así fue, así sucedió, así -como Dionysos, como Pablo- volví a nacer. Y por supuesto, regresé, vaya si regresé, una y mil veces, como seguramente regresarás tú, lector, al percatarte de que la cuidad de Shiva te ha marcado a fuego, te ha transformado, te ha cambiado en el aire las cartas de la vida (...). Baste, aquí, aclarar y declarar bajo juramento que soy el que ahora soy, y no el que hasta entonces era, porque estuve allí.>> escribe Sánchez Dragó.
Lo dije desde la primera vez, desde aquel cuatro de abril cuando llegaba amaneciendo, ya en aquel día hubo algo premonitorio que me decía "sabes que siempre volverás". No es misticismo, es puro realismo, porque, ¿que hay mas puro que tu propia esencia? .